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Los sindicatos y la sociedad civil responden de forma contundente a una revista por promover las escuelas de bajo coste con fines de lucro

publicado 1 septiembre 2015 actualizado 25 septiembre 2015

Rápida y tajante, así ha sido la reacción al artículo de The Economist que apoya abiertamente las escuelas de bajo coste con fines de lucro en los países en desarrollo. Dirigentes de todos los sindicatos de la educación y la sociedad civil han criticado y calificado el artículo de unilateral.

Las afiliadas a la IE piden a The Economist que rectifique

Como respuesta al artículo sobre las escuelas privadas de bajo coste que cubría la portada del semanario The Economist el pasado 1 de agosto, la American Federation of Teachers (AFT) ha lanzado una petición en la que insta a la revista a editar lo que se ha interpretado como una opinión unilateral y a proporcionar a sus lectores una imagen íntegra de cómo las escuelas privadas de bajo coste afectan negativamente a los niños y las familias. El South African Democratic Teachers Union (SADTU), junto con el National Union of Teachers (NUT), ambos afiliados a la Internacional de la Educación (IE), han firmado la petición para mostrar su apoyo.

"¿Qué ocurriría si tuviera que pagar la mitad de sus ingresos para que su hijo pudiese ir a la escuela?" preguntó el Secretario General de SADTU, Mugwena Maluleke. "Las familias de los países en desarrollo tienen que pagar por día o por semana para que sus hijos asistan a la escuela, y estas tasas escolares pueden suponer incluso más de la mitad de los ingresos familiares", insistió.

Lo peor es, dijo Maluleke, que la revista publicó el artículo sin desvelar que Pearson —que actualmente invierte grandes cantidades en estas escuelas— era dueño del 50 % de The Economist en el momento de la publicación. "The Economist debería informar a sus lectores de este manifiesto conflicto de intereses y permitirnos aclarar que, en realidad, estas escuelas afectan negativamente a las comunidades donde se encuentran", señaló. Pearson vendió sus participaciones de varias décadas de antigüedad en la revista por más de 500 millones de dólares.

A continuación, Maluleke explicó que, como dirigente de un sindicato en Sudáfrica, "he visto con mis propios ojos que estas escuelas pueden aprovecharse de familias que solamente desean lo mejor para sus hijos". Y no solo "cobran tasas desorbitadas" a las familias locales, también "minan el sistema educativo como bien público". "La educación es un derecho humano y todos los niños deberían recibir una educación de alta calidad gratuita", reiteró.

El artículo también ha provocado una respuesta inmediata de agencias internacionales y académicos muy reconocidos y respetados, que han escrito cartas al editor para denunciar un periodismo tendencioso e infundado.

Para leer las respuestas de Oxfam, ActionAid, Open Society Foundations, la Iniciativa Global para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la Dra. Prachi Srivastava y el Profesor Steven Klees, pinche aquí.